Comunicado de cierre de la Caravana Mesoamericana por el Clima y la Vida

La Caravana Mesoamericana por el Clima y la Vida ha concluido, no como quien baja una bandera, sino como quien entiende el ciclo de la vida: porque la planta muere, para que las semillas vivan.
Hoy afirmamos, con convicción y ternura colectiva, que la Caravana ha muerto simbólicamente, no como derrota, sino como siembra. Morimos para dispersarnos, para germinar en otros territorios, en otros cuerpos, en otras luchas. Morimos porque no queremos convertirnos en estructura, en vanguardia, en nombre vacío, en pirámide, en fósil. Morimos para seguir viviendo, porque defender la vida cuesta la vida.
Nacimos caminando desde el norte, desde el desierto y el río del Pueblo Yaqui, donde el agua es defendida como se defiende la memoria. Atravesamos montañas, costas y selvas; pueblos Purépechas, nos reunimos comunidades Zapotecas, Chontales, Ikoots, Mixes, Ngiguas, Zoques, Mazatecas, Mayas barrios populares y territorios en resistencia. Cruzamos fronteras impuestas, pasamos del llamado México a la llamada Guatemala, en territorios Kakquickel y K’iche, a territorios Nawat y Lenca del llamado El Salvador, a territorio Lenca rebelde donde luchó la compañera Berta Cáceres en el actual Honduras. También chocamos con muros autoritarios de “izquierda” que intentaron detenernos en Nicaragua, donde sabemos que resisten al extractivismo pueblos como el Miskito. Volvimos a rearmarnos con fuerza y recomponer el camino, y seguimos por Costa Rica, en territorio ancestral Bribri y Brörán, hasta Panamá, donde hay una lucha histórica contra la minería desde la Guna Yala hasta las universidades. Viajamos luego de territorio ancestral Muisca de Colombia con luchas anitiimperialistas, ambientales, para llegar a la Amazonía en Brasil, territorio de múltiples pueblos indígenas que resisten a los embates más recientes del capitalismo. Enlazamos voces, dolores y esperanzas que no caben en mapas ni en cumbres oficiales.
En cada territorio escuchamos el mismo grito con distintos acentos: la crisis climática no es natural, es política. Mesoamérica, y Abya Yala en general, es la región más peligrosa para defender la vida. Enfrentamos extractivismo, militarización, criminalización, consultas simuladas, migración forzada, desapariciones, criminalización y asesinatos en total impunidad. La crisis climática tiene nombres responsables, empresas, bancos, ejércitos y gobiernos… es el resultado de un modelo que despoja, extrae, militariza, endeuda, contamina y mata, mientras se disfraza de progreso y desarrollo, el mismo modelo que desde hace más de 500 años nos ha saqueado.
La Caravana fue un grito colectivo contra los megaproyectos extractivos, la agroindustria, la minería, las hidroeléctricas, los monocultivos, las granjas industriales, los corredores industriales y energéticos que atraviesan Mesoamérica dejando a su paso muerte y violencia. Fue una denuncia contra la militarización de los territorios y la criminalización de quienes defienden el agua, la tierra y la vida. Fue un llamado urgente frente a la crisis del agua; a la privatización de lo común, de la tierra y los saberes; a la expulsión sistemática de los Pueblos Indígenas de los territorios ancestrales; a la gentrificación en las comunidades y costas.
También fue un llamado contra el extractivismo y colonialismo verde. Caminamos para denunciar que no hay transición justa mientras los territorios sigan siendo zonas de sacrificio; que no hay soluciones climáticas cuando se decide sobre nuestros cuerpos y tierras sin consentimiento, o con consultas fabricadas a base mentiras y desinformación; que no hay futuro posible si la vida se reduce a cifras, bonos, créditos, fondos, intereses y métricas de mercado. Caminamos para decir que la Tierra no está en venta, que los ríos no se compensan, que los bosques no se capitalizan, que las identidades no se borran, que la vida no se administra desde oficinas lejanas.
La Caravana también fue un espacio de encuentro. De mirarnos a los ojos. De reconocernos en la diferencia. De construir redes entre Pueblos Indígenas, comunidades campesinas, juventudes organizadas y colectivas urbanas que no se resignan. La Caravana no llevó respuestas cerradas; llevó preguntas incómodas y la certeza de que nadie salva a nadie y nadie se salva solo: nos salvamos todxs juntxs.
En este caminar también enfrentamos contradicciones. Un deslinde público emitido por una organización que no formó parte de este caminar, y fue realizado sin cuidado colectivo ni responsabilidad política, puso en riesgo la integridad física y la seguridad de toda la Caravana en su recorrido por una región azotada por la violencia criminal y militarizada. No lo callamos porque callar también es reproducir violencia.
Este acto evidenció una herida más profunda: el autoritarismo, el patriarcado, el edadismo y la intolerancia generacional que persisten incluso dentro de los movimientos que dicen luchar por la vida. Cuando mujeres, disidencias y nuevas generaciones cuestionamos las jerarquías, los liderazgos incuestionables y las formas cerradas de hacer política, muchas veces la respuesta es el señalamiento, el silenciamiento, la exposición o la funa.
Nos intentaron dividir sembrando la duda, expusieron públicamente a personas de las organizaciones convocantes de la Caravana, señalando y acusando sin pruebas, ni fundamentos, solo rumores y palabras que nadie puede sostener de frente, sin disposición al diálogo para resolver o reparar si así fuera necesario. Sin embargo, esto nos hizo más fuertes internamente, ante la incertidumbre, el diálogo; ante la desconfianza, la autocrítica; ante la difamación mediática, el respaldo en territorio y la ratificación de alianzas.
En medio de un supuesto intento de señalar “violencias” y deslindarse públicamente con difamaciones de un proceso del que no fueron parte, invisibilizaron la lucha de pequeñas colectivas y organizaciones jóvenes que fuimos parte del proceso de la Caravana y que seguimos en la Red Espejos del Sur Global. Quienes han calificado de patriarcales nuestras dinámicas, quienes hacen declaraciones públicas sin acercarse a dialogar, han reproducido esta misma violencia patriarcal. Somos mujeres, disidencias y juventudes quienes también somos parte de este proceso colectivo, y nos duele que sin ser parte de esta red, hablen sobre dinámicas que existen como si nosotras no fuéramos capaces de identificarlas y hacerles frente.
Decimos con claridad: no hay justicia climática o social sin coherencia política, no hay emancipación posible si reproducimos las mismas lógicas de control que decimos combatir. Defender la vida implica también transformar nuestras formas de organizarnos, aprender a cuidarnos y reconocer que otros mundos solo nacen si dejamos morir prácticas viejas y rancias.
Mientras dentro de nuestros movimientos el conflicto y las violencias se perpetúan, los poderosos se benefician, los proyectos extractivos avanzan, las comunidades se dividen. Podemos dejar de caminar junto a otrxs, siempre respetando su trabajo y esperando que con la misma dignidad lo hagan con el nuestro. Por eso, estamos dispuestxs a curar y sanar las heridas colectivas que surgen al caminar en la misma lucha, siempre poniendo los cuidados al centro, sin punitivismos y con justicia restaurativa.
Lo que exigimos y lo que sembramos
Exigimos que se detenga el saqueo de nuestros territorios y que se reconozca la deuda histórica, climática y social que pesa sobre los pueblos del Sur Global. Exigimos el fin de la criminalización de las defensoras y defensores, el desmantelamiento del modelo extractivo y la autonomía real de los pueblos para decidir sobre nuestro presente y nuestro futuro.
Pero no solo exigimos: sembramos. Sembramos vínculos, análisis compartidos, aprendizajes colectivos y la convicción de que la vida se defiende desde abajo, en común, sin permisos.
Desde este cierre que es inicio, saludamos con profundo respeto y cariño al Ejército Zapatista de Liberación Nacional en su aniversario número 32 y que en estos momentos realizan el Semillero “De pirámides, de historias, de amores y, claro, desamores”. En sus palabras rebeldes, en sus análisis geopolíticos y en sus propuestas de lo común, nos reflejamos. Su lucha es nuestra lucha. También nosotros vemos las pirámides: las del poder, las del capital, las del patriarcado, las de la izquierda fosilizada e institucionalizada. Y sí, las estamos quemando, como nos enseñaron este agosto. Sabemos que es difícil, pero también sabemos que no es imposible.
Hoy la Caravana Mesoamericana por el Clima y la Vida muere para vivir.
Muere para multiplicarse.
Muere para no convertirse en monumento.
Porque defender la vida cuesta la vida, pero rendirse cuesta mucho más.
¡La Tierra no se vende, se defiende!
¡Hasta que la dignidad se haga costumbre!
Atentamente, la difunta comisión de coordinación y organización de la Caravana Mesoamericana por el Clima y la Vida… y las semillas de la nueva Comisión de Coordinación de la niciativa internacional de los Espejos del Sur Global.
